Una forma de vida, un modo distinto de ser y de hacer.
Variedad de sentires que se amalgaman en un solo arte.
El espectáculo: un viaje por las distintas geografías flamencas y por sus diversos estilos. Un viaje lírico por la vieja unión minera, un reencuentro visual con el espectador…. testigo y parte de este Ser… de este surgir… Estilos que yacen en el olvido y grandes artistas, pérdidas irreparables que se evocan en cada taconeo y en una comunión, en reencuentro cíclico y ritual con cada uno de nosotros. |
Por el torrente flamenco, por sus palos, por sus geografías y sus espacios, el espectador encontrará memoria emotiva en un modo distinto de ser y hacer flamenco. Será la conexión y el descubrimiento de una memoria histórica, escenarios perdidos ya en el tiempo y con ecos imborrables de aquellas juergas, manteniendo viva la razón más poderosa de la realidad y leyenda de este arte incomparable.
Por encima de todo, prevalecerá siempre, la raíz que traslada al cante, en una implicación, valoración y reconocimiento que va más allá de nuestras fronteras. El cante ha pervivido como lo hizo la poesía más antigua, grabándose en la memoria común de sus cultivadores, pasando de unos a otros como un preciado testimonio. Es la expresión de un dolor, de un desarraigo, pero también es alegría. Es grito carcelero, pero también luz de la bahía. Nace de la nostalgia del futuro y de la memoria del pasado.
En el principio… fue el gesto antes que la voz. Antes de manifestar su deseo de explicarse al mundo, el hombre manifestó su urgencia por estar en él, por sentirse mundo y vida. La palabra es la patria de la razón, pero el gesto…el baile…la danza son la patria del sentimiento, el de la emoción y la perplejidad. Y esa gesticulación, ese movimiento que al principio tenía un sentido práctico, utilitario, se fue transformando muy pronto, y en paralelo, en danza ritual, en movimiento sagrado, en rito sagrado que hace comulgar a quien lo ejerce con la tierra. Hay algo en el Flamenco que nunca pierde su carácter de espacio cerrado, sagrado. Y en este sentido no importa que caminos o que nuevos espacios descubra el flamenco, siempre habrá en él algo de indomable, algo de irreductible. Abre sus brazos al mundo como los abre en la seguiriya, con el sentido grande, con firmeza independiente. Y en este surgir del ser, en esa carne, en ese alma, instintos y deseos se agolpan en compás sublime, y la pena y la vida, y el amor sombreciendo. Y ser flamenco es solo eso, es saborearse, es darse, sentirse, vivir... solo eso! |